Amor y Colegio: Corazones Paralelos

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Amor y Colegio: Corazones Paralelos

Mensaje por Angel1693 el Mar Ene 29, 2013 10:09 pm

Proyecto AC.

Amor y Colegio: Corazones Paralelos

Sinopsis.
La historia se centra en la vida de un chico que mira su vida pasar sin sentido a través de sus días. Cada quien con un sueño por cumplir. Parecía que todo iba bien y sin problemas, pero al terminar su secundaria he ingresar a la preparatoria se dan cuenta que su juventud no la han aprovechado como querían. Cansado de su estado actual decide junto con sus amigos decide agregarle emoción a sus días y hacer de su adolescencia un recuerdo maravilloso de su vida como estudiantes de preparatoria antes de que formaran parte del tedioso mundo laboral adulto. Su vida ya no será tan pacifica, conocerán nuevas personas, formaran nuevas amistades. Pasaran por adversidades y tendrán que aprender de ellas. El amor tocara a sus puertas, pero no todo será dulce miel. Siempre habrá algo nuevo que aprender, pero todo esto al final solo les servirá de experiencia para su futuro incierto. ¿Podrán hacer realidad todos sus anhelos durante su tiempo en la preparatoria?

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Capítulo 1.- Un nuevo comienzo
Cada mañana suena el despertador a la misma hora. Los mismos movimientos, la misma rutina, el mismo aburrido día. Levantándome de manera casi mecanizada, me dirijo al baño para alistarme e ir el colegio. Veo mi rostro en el espejo y a pesar de que soy un chico normal de diecisiete años, mi cara refleja la edad de una persona gastada y sin ánimos para la vida. Entonces recordé la meta que nos habíamos fijado mi hermana menor y yo. Lave mi cara, arregle mi cabello y me puse el uniforme. Ahora me miraba nuevamente y estaba vez veía en mí una imagen diferente, una imagen más de acuerdo a un joven sano de mi edad.

Acababa de recordarlo. Yo, Ryan Summer junto a mi hermana Erin Summer estábamos a punto de empezar una nueva etapa en nuestras vidas. Un nuevo curso empieza y un sinfín de actividades nos espera.

Hoy es el primer día de clases de mi segundo curso en la preparatoria. Aunque momentos antes me había invadido una flojera inmensa al levantarme con todo mi dolor, tuve que dejar ese placido estado de sueño para volver a mi realidad, mi pesada realidad. Por el contrario esta Erin, ya que es un año menor que yo, ella está por empezar su primer curso en la misma preparatoria. Siempre había escuchado muchas cosas acerca de las chicas, que son muy limpias, ordenadas, puntuales, etcétera. Sin embargo este no parece ser el caso de Erin. Los que no la conocen dirán muchas cosas positivas de Erin, sobre todo su belleza. Como hermano me siento orgulloso de que sea tan popular entre los chicos. Y como no iba a serlo, saca buenas notas y es genial en deportes. Lo cual le ha ayudado a su gran físico y como extra heredo el cabello rubio de nuestro padre, lo que la hace parecer una especie de modelo como las de revistas para caballeros. Pero tampoco es como si fuera a dejar que cualquier chico se le acercara.

—Erin ya levántate. Es tarde, casi las siete. ¿Qué no piensas asistir a tu primer día de clases?
—Claro, ahora me levanto, solo déjame un rato más—me contesto entre bostezos.
—Yo ya cumplí con despertarte así que ya me voy. Deberías llevarte la bicicleta está mañana o llegaras tarde a la sesión de bienvenida.
— ¡¿Qué?! ¿No piensas esperar a tu linda y querida hermanita? ¿No ibas a guiarme por la escuela para que no me perdiera?
—Está bien. Pero alístate de prisa o realmente llegaremos tarde. Yo no soy una especia de dios estudioso como tú, por lo que tengo que mantener mis notas con mi asistencia.
—Muy bien, dame un par de minutos.

En fin, todo esto solo me ha hecho pensar en una realidad, su belleza es proporcional a lo desordenada que es en casa. No tengo palabras exactas para describir el grado del problema que ella presenta, pero para que tengan una idea clara, se podría decir que ella vive como si se tratara de un soltero de veinte años completamente inútil y si no fuera por mi madre, ahora mismo solo viviría de sopas instantáneas. Incluso aunque hoy es su primer día de clases, sino hubiera sido por mí, quien sabe a qué horas se hubiera levantado.

Bueno, llegamos a tiempo pero preferiría haber llegado antes. El motivo es porque si llego más temprano de lo usual la entrada no está saturada de alumnos empujándose entre sí para entrar. Lo que me pregunto es, ¿por qué la escuela hizo una entrada pequeña sabiendo que tenía un gran número de estudiantes? Bueno mis últimas opciones en estos casos son: esperar que la mayoría pase y entrar después o pasar y terminar como fruta exprimida.

Poco después de haber pasado por aquella brecha me topé con un viejo amigo. Su nombre es Carlos Rafael. Es mi amigo y vecino, lo conocí tres años atrás cuando me acababa de mudar a mi vecindario actual. Un día me invito a jugar con su consola de videojuegos y desde entonces hemos sido amigos. Como de costumbre, se encontraba sentado a un costado del gran roble, el único árbol que poseía la escuela, pero lo suficientemente grande como para crear una sombra amplia y refrescante.

—Hola. Te estábamos esperando—dijo levantándose mientras sacudía el polvo de sus pantalones.
— ¿Te estábamos esperando? Solo te veo a ti.
— ¿Eh?, ¿dónde está Joel? Estaba a mi lado hace unos minutos—contesto sorprendido.
—Perdona Rafa, es que fue a saludar a una amiga—intervino Joel.
—Seguro debe de haber sido Isabel—respondió Rafa.
— ¿Isabel? ¿Quién es ella?
—Es una amiga que conocí en los propedéuticos. Espero que todos quedemos en la misma clase este año.
—Dices eso porque seguro quieres que alguien te pase la copia en momentos de necesidad—conteste en burla.
—Te llamaron copión y necesitado—intervino Rafa entre risas.
—Tú ni digas nada. Seguro también pensabas pedirle la copia a Ryan pero de otra manera—contesto enojado Joel.
—Yo se lo pediré de frente como hombres. Claro, solo cuando sea necesario—replico Rafa.
—Para ti siempre es necesario—intervine—. En fin, vamos a ver como quedó la lista de clases esta vez.

El otro chico se llama Joel Alexander. Es amigo de la infancia de Rafa, lo conocí gracias a él. Nos dirigimos a control escolar a verificar la lista de clases. Sorprendentemente, como si dios hubiera escuchado las plegarias de Joel y concediéndole su más grande deseo habíamos quedado en la misma clase, incluso la famosa Isabel. Poco después trate de buscar la clase donde había quedado Erin para poder llevarla hasta allí, pero no logre encontrar su nombre y para colmo de males fui sacado por una turba de estudiantes que también querían verificar las listas. Al final no pude encontrar la clase perteneciente a Erin y como ya se estaba próxima la hora de entrada a la primera clase deje de intentarlo. Estaba seguro que Erin se molestaría conmigo por esto.

Resignado me dirigí a mi nueva aula. Afortunadamente habíamos llegado antes que el resto del grupo, lo que me permitió poder ocupar un asiento a lado de la ventana. Lo cual era perfecto, no solo por tener una gran vista de la escuela al estar ubicados en el segundo piso, sino también por las futuras brisas de aire que me ayudaran a refrescarme de vez en cuando. Después de eso, la historia fue la misma como en cualquier escuela. La llegada del maestro, su presentación, nuestra presentación, las clases hasta las dos de la tarde. Por otro lado, Erin así como el resto de los novatos tuvieron suerte, ya que el primer día no tienen clase. Sino que se les da un tour completo por la preparatoria para que se vayan familiarizando con todas sus instalaciones y lo servicios que pueden recibir en cada una de ellas.

Así pues, sin que me dé cuenta nuestra última clase estaba a punto de terminarse. Sentado en mi pupitre esperando el timbre de salida me puse a recordar las presentaciones de mis nuevas compañeras. La mayoría eran bastante lindas así que espero llevarme bien con todas ellas. En ese momento recordé a una en particular, sentada solo a tres asientos delante de mí la mire por casualidad. Por alguna razón se veía muy solitaria, digo esto ya que aunque se tratase del primer día todas las demás chicas habían formado su círculo de amistades, hay que admitir que las chicas son más sociables que los chicos. El caso es que aquella chica era la única que quedaba sola y si no mal recuerdo ella no salió del salón durante el descanso. Eso solo me puso a pensar y debido a que no dijo mucho durante su presentación no podía ni recordar su nombre. Justo entonces pasaba Isabel, la cual pude conocerla cuando hablamos de varias cosas durante el descanso. Todo gracias a Joel que la había invitado a desayunar con nosotros.

—Isabel. Mira, ¿Qué pasa con esa chica? ¿No tiene amigos o conocidos? Si ese es el caso, ¿no quiere hacer amistades?
— ¿Allyssa?
—Así que su nombre era Allyssa. No me acordaba.
—Respondiendo a tu pregunta. Yo había intentado hablar con ella al igual que otras compañeras, pero al parecer nos ignora a todas.
—Entiendo. Disculpa las molestias.
—Bien. Entonces te dejo, me aliste como ayudante en la biblioteca y tengo que ir ahora.
—Claro, nos vemos luego.
—Entendido. Entonces hasta luego—respondió sonrojada.

Lo que me había dicho Isabel solo me puso a pensar más. A primera vista pareciera que Allyssa es una estudiante normal. Y no solo eso, sino que también era muy linda. Casi de mi estatura, largo cabello castaño y ojos claros, cualquiera pensaría que tiene amigos de sobra. Con esto confirmo lo que dicen sobre que las apariencias engañan. No podía imaginar porque trataba de evitar a todos, pero si ella no quiere hablar con nadie no tengo porque molestarme ¿no?

Pronto la clase había terminado y a los pocos minutos ya no había ningún alma en la escuela. Esperé en la salida por Erin, pero al parecer había regresado a casa antes que yo, como estaban las cosas, llegando seguro me esperaría un reproche de su parte.

Pasó justo como había pensado. Cuando llegue a casa se encontraba de pie al otro lado de la puerta esperándome para echarme en cara mi falta. Estaba de mal humor e incluso había dicho que no me volvería a hablar. Aunque sabía que todo el coraje se le iba a pasar dentro de unas horas, sin embargo, esta vez por ser realmente mi culpa me hizo sentir un poco mal. Por lo que aproveche su debilidad y le propuse como disculpa comprarle bastante helado antes de la cena. Apenas escucho eso y como si de magia se tratara todo su enojo había desaparecido. Incluso salto hacia a mí y mientras me abrazaba me dijo:
—Por eso te quiero. Sabes cómo consentirme— al escuchar sus palabras no sabía si sentirme feliz o decepcionado.

Al anochecer, justo como le había prometido a Erin salí para comprarle su dotación de helado. Para ello me dirigí a una de esas tiendas que trabajan las veinticuatro horas del día. Cuando me encontraba allí prácticamente tomé kilos de helado, tanto que daba algo de vergüenza, incluso los empleados me miraban asombrados. No imaginaban quien era la que se comería todo eso, por supuesto que yo no podría, pero Erin sí. Ahora que lo pienso, Erin come más comida chatarra comparado con lo que hace de ejercicio y aun así no engorda nada. Estoy casi seguro que eso es lo que han de envidiar las chicas de ella.

Tome mis bolsas y pague por la mercancía. Empecé mi recorrido de regreso, pero a pesar de que la tienda solo estaba a siete esquinas de casa a medio camino me detuve a descansar. El camino de regreso cargando las pesadas y heladas bolsas me obligó a parar en un pequeño parque que estaba a mitad de camino. Tomé asiento en una de las bancas cerca del alumbrado público y debido a que la caminata me había provocado sed, decidí abrir una de las paletas heladas. Habiendo acabado con mi congelado postre me dispuse a marcharme a casa. Sin embargo un murmullo entre los arbustos que se encontraban detrás de mí llamó mi atención. Estaba a punto de acercarme para ver de qué se trataba cuando de pronto salió un gato.

El gato que era de un puro color blanco no parecía callejero, además llevaba un pequeño collar con un nombre escrito, al parecer era su nombre. Se acercó a mí y empezó a ronronear a mis pies. Baje mis bolsas para poder acariciarlo. Después de todo me gustan los gatos y no por nada tengo uno en casa. Estaba a punto de acariciar su pelaje cuando con un rápido movimiento tomó uno de los paquetes de la bolsa y salió corriendo hacia los arbustos. Pude haberlo dejado pasar, pero en esta ocasión no podía. El paquete que había tomado era uno de los favoritos de Erin, incluso me había dicho que no olvidara comprarlo y no solo eso, sino que también era uno de los más caros. Lo siento por el gato pero esta vez no puedo dejar que se vaya. Todo esto lo había pensado mientras lo perseguía entre los arbustos. Mientras seguía a aquel gato ladrón, llegué a la parte trasera del parque, era un extenso terreno con bastantes flores. Básicamente un jardín gigante.

El gato había dejado de huir y yo de perseguirlo. Más importante era la imagen que tenía enfrente. Había una chica frente a mí pero debido a la luz de la luna solo podía distinguir su silueta. Al parecer era una conocida del gato, ya que este había dejado el paquete en manos de ella. La chica al parecer volteo a verme y pronto comenzó a acercarse a mí. Incluso estando a unos metros de mí no podía alcanzar a distinguir su rostro, solo sus ojos que irradiaban una hermosura increíble y por su silueta me daba la impresión de que realmente era una chica muy linda. Son momentos como esos cuando odio más que nunca mi mala visión. Note lo que al parecer fueron los movimientos de sus labios y entonces escuche su dulce voz.

—Te devuelvo esto. ¿Es tuyo cierto?
—Sí. Gracias—dije muy nervioso, estaba impactado por su dulce voz.
—Discúlpalo. Sabe que es mi favorito y por eso me lo trajo.
—No te preocupes. Si es tu favorito puedes quedártelo. Tengo varios más después de todo—conteste tratando de sonar lo más natural posible.
— ¿En serio? Gracias, eres una persona muy amable—dijo con voz suave.
—No, no es nada. Bueno, nos vemos—dije con gran nerviosismo.

Mientras me alejaba de aquel lugar, me pareció escuchar un “nos vemos” provenir detrás de mí. Si claro, como si fuera posible volverla a ver pensé en ese momento. Llegué a casa y le di sus golosinas a Erin. Mientras subía las escalaras para ir a mí habitación escuche un reclamo de mi hermana menor:
—Ryan, no me trajiste el que te pedí.
—Lo siento, no habían más.

Entré a mi habitación y coloqué el seguro. Me recosté sobre mi cama y empecé a meditar sobre la situación por la que acababa de pasar. Después de pensarlo un momento llegué a una conclusión, soy un idiota. Primero ¿Tengo varios más después de todo? que tonta respuesta fue esa. Si realmente dice que ese postre es su favorito ha de saber su precio y de ser así solo una persona con bastante dinero podría comprar varios en una sola compra. Seguro se ha de dar cuenta que estaba mintiendo. Y segundo, ¿Cómo pude quitarme de ahí sin preguntarle siquiera su nombre? Bueno, pensándolo bien creo que aunque me hubiera quedado ahí toda la eternidad no me hubiera atrevido a preguntarle su nombre. Todo esto es tan frustrante, ya estábamos entablando comunicación y salí huyendo del lugar, ahora me doy cuenta de lo cobarde que soy. Lo hecho, hecho está. No tiene sentido que le siga dando más vueltas al asunto.

Mientras me encontraba acostado lamentándome de mi reciente cobardía mi gato subió a mi estómago —por su pelaje negreo no había notado que estaba en mi habitación— y se acostó sobre mí. Mientras lo acariciaba le dije:
— ¿Dónde has estado todo este tiempo Van?
Como no lo había visto en todo el día ya me estaba preocupando por donde estaría andando. Minutos después parecía que Van ya se había dormido y ya que igual estaba cansado decidí seguir su ejemplo.

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Fin de capítulo 1.
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